Presentación

Presentación

El cine que se produce en nuestras tierras durante el periodo comprendido entre 1931 y 1938 aparece como una experiencia llena de fugaces singularidades, visto el conjunto de nuestro cine hasta ese momento. Nacido de las entrañas de un verdadero terremoto –la transformación del espectáculo cinematográfico de silente a sonoro y parlante- que, en función de su fragilidad industrial, lo redujo mayoritariamente a escombros, el cine español debió reinventarse industrialmente y reajustarse estéticamente para, de hecho, renacer homologado, como hermano menor, con otros cinemas de nuestro entorno cultural. Verdad es que pudo apoyarse en circunstancias políticas que le favorecieron: la proclamación de la Segunda República le facilitó un suelo formalmente democrático sobre el que desplegarse y un crecido público urbano del que nutrirse; la implantación de las múltiples versiones sonoras internacionales funcionó como provechosa escuela para un buen puñado de nuestros técnicos y artistas, transitoriamente emigrados a centros de producción extranjeros; el acceso al poder de los hitlerianos le proporcionó cierto número de cineastas inmigrados con experiencia en industrias más desarrolladas. Estos factores, junto a la sedimentación de fórmulas expresivas de arraigo popular puestas a punto en la década anterior, y la adopción del cinema como espectáculo dominante en amplias capas del público de la época, condujeron a que el cine español renaciera de sus cenizas mostrando una fisonomía transformada respecto a su pasado inmediato.

Un nuevo sistema de stars, la eclosión de todo tipo de variantes de cine musical, el hervidero de complementos, el florecimiento depropuestas melodramáticas burguesas o populistas, la emergencia nuevos y competentes realizadores, el asentamiento de varios cineastas que velaron armas en la década anterior, la edificación de capacitados estudios de rodaje que también ejercieron de empresas productoras, la búsqueda de un modelo de cine popular…

¡Poco dura la alegría en casa del pobre! Surgido de los entresijos de un terremoto, en poco menos de cuatro años, y cuando al fin parecía estabilizarse, el cine español se vio arrastrado desde el verano de 1936 por todo tipo de tornados y cataclismos que lo hicieron, nuevamente, casi desaparecer. Y aunque supo, convirtiendo necesidad en virtud, refundarse de nuevo erigiendo un insólito modelo de cinema de excepción protorevolucionaria, la perspectiva era agónica y desesperada. Liquidado el intento por la fuerza de las armas (y, en último término, de sus propias contradicciones), los años cuarenta asistieron al “cuarto nacimiento” del cine español.

Por tanto, parecería de obligado cumplimiento –octogenario cumpleaños de la proclamación de la Segunda República- que se sometiera a consideración en el XIII Congreso de la AEHC este periodo, apasionante tanto por sus aspectos germinativos como porque a la postre, las cosas, quizá, no fueron como parece.

Julio Pérez Perucha, Presidente de la AEHC.

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